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viernes, diciembre 29, 2006

Mami.

Y se acaba el año.
Y ésta fecha me pone triste.
Y tengo sentimientos encontrados.
Y te echo tanto de menos.
Y quiero estar en tu regazo.
Y te amo tanto.
Y me haces mucha falta.
Y ya han pasado cuatro años de que te fuiste.
Y sigues siendo mi mami aunque seas mi abuela.
Y tengo ganas de llorar.
Y quizás no pueda ir a verte al cementerio mañana.
Y aún siento ganas de irme contigo.
Y te dije que te amaba?

miércoles, noviembre 15, 2006

Recuerdos.

Algunas veces (la mayoría de las veces), me gustaría tener una varita mágica y poder retroceder el tiempo, volver a ser la niñita de ojos grande y trenzas largas que salía a pasear en bicicleta durante las tardes. Visitar a mi abuelita los días domingos y comer las galletitas que siempre tenía para mí. Pasear con ella bajo un paraguas mientras la lluvia caía copiosamente. Atravesar media ciudad a pie, tomadas de la mano y cargar en la otra un ramillete de flores, para visitar a mi abuelo que no alcancé a conocer porque la vida me lo arrebató 4 meses antes de nacer. Subirme a mi árbol favorito y pasar horas y horas sentada en la copa, mirando la gente pasar y reírme silenciosamente mientras mi madre me buscaba desesperada. Jugar con mis amigos en la arena frente a mi casa, arena que se me colaba hasta en el ombligo (y en otras partes más).

Extraño tantas cosas, los momentos de niñez, cuando no tenía que preocuparme de nada más que no sea estudiar y solo dedicarme a ser feliz. Añoro a algunos de mis ex amigos de esos tiempos, amigos con los que podías pasar horas en su compañía en silencio, tumbados en el pasto húmedo mirando las nubes y las formas que ellas nos ofrecían.

Recuerdos que viven en mi memoria y que atesoro en lo más profundo de mi ser. Mi infancia.

jueves, septiembre 07, 2006

El Jardín Infantil.

Iba con mi madre y Mateo cuando entré al jardín, mi ex jardín de hace 23 años, cerré los ojos y percibí aquél característico aroma de cuando era niña, con mis ojos cerrados me imaginé sentada en aquellas pequeñas sillas de madera rodeando una diminuta mesa. Abrí mis ojos y me vi vestida con mi buzo plomo con rosado, mis botitas con forro de lana de oveja, mis dos largas y gruesas trenzas y mis tremendos ojos negros azabache mirándome directamente. Fue extraño. Miles de recuerdos se agolpaban en mi cabeza, fue como volver al pasado, verme feliz con mis compañeros, acordarme del primer beso que di a la edad de 4 años a un amiguito llamado “Oscar”, de las innumerables convivencia, de lo mal que me hacía la leche en la mañana, de los juegos en el patio buscando chanchitos y gusanos.

Volví a la realidad al son del Himno Nacional y los pequeñitos marchando, preparándose para rendirle honor a la patria este 18 de septiembre que se nos acerca.

Es increíble como un lugar y un aroma pueden provocar tantos recuerdos, sensaciones, sentimientos y añoranzas.

El jardín no ha cambiado mucho, aunque todo me pareció más pequeño, las inmensas salas ya no eran tan inmensas, el baño con sus lavamanos ya no eran tan altos, las profesoras ya no eran las mismas.
Obviamente ahora todo es visto con los mismo ojos, pero de otra perspectiva.

lunes, mayo 15, 2006

Tu Nacimiento.


Sentada en una silla, terminando de almorzar, supe que mi hijo nacería, un líquido blanquecino fluía entre mis piernas, un frío recorrió mi espalda y mi corazón se agitó súbitamente, no había dolor.

Xime, llegó la hora, Mateo quiere nacer”, le dije a mi madre con una sonrisa en mis labios. Tenía todo listo para este momento, nos subimos al auto camino a la clínica. Había imaginado ese momento muchas veces durante el embarazo, pero nada se parecía a lo que estaba sucediendo en mi mente y mi corazón.

El viaje se me hacía eterno, mi madre miraba de frente y yo con la mirada perdida hacia un costado del auto. Por cada segundo que pasaba, miles de imágenes se agolpaban en mi mente, “como te sientes” escuché a mi madre decir; “creo que bien” le respondí. Nos bajamos e hicimos todos los trámites necesarios para el ingreso: Llamar a mi Gineco-Obstetra, Matrona, Pediatra, Anestesista y Arcenalera y no sé cuanta gente más. El papeleo (pura burocracia).

En una silla de ruedas avanzamos por unas paredes blancas y frías… desee tanto que Alejandro me acompañará y me diera la mano. Pero a mi lado estaba ella, mi madre, tranquila, serena; extraño en ella, siempre se ha caracterizado por exagerar las cosas.

Dentro del pabellón, todo se suscitó rápidamente, no se sí fue la emoción del momento, eficiencia del personal o la inyección raquídea, (mierda, eso me dolió mucho, tenía una retención de líquido espantosa y la maldita aguja no llegaba al lugar, creo que fueron 7 intentos en mi columna ¡que dolor!).
Me tendieron boca arriba, con las piernas estiradas y tres focos apuntándome, no sentía mis piernas, una mujer a mi lado vestida de verde me tomaba la mano, y le decía a los demás que mi presión estaba subiendo, yo no sentía nada, solo quería ver a mi hijo.

21:25: hora del nacimiento y es un varón”- dijo el doctor.

El tiempo se detuvo por un par de segundos para mi, lo pusieron sobre mi pecho, estaba todo arrugadito envuelto en un paño verde, le di un besito entre lágrimas y se lo llevaron. No supe de él hasta que salí del post-operatorio de la cesárea, como 3 horas después.

Ahí estaba él, mi pequeño pollito, durmiendo como un lirón.